TALAMANCA y CACIQUE

Cualquiera de nosotros, casi sin dudarlo, creería que la palabra Talamanca, por su sonoridad, remite a lo autóctono, a alguna de las lenguas de nuestros aborígenes costarricenses, ya sea al bribrí o al cabecar, cuyos hablantes son los habitantes propios de esa zona tanto en el pasado precolonial como hoy, o, de provenir de más lejanas tierras, chorotega o huetar.  Pero no es así. El nombre le fue sembrado a las tierras altas de esa parte del territorio costarricense el día 10 de octubre de 1605 por Diego de Sojo y Peñaranda para recordar a su ciudad natal, la villa de Talamanca, en la provincia de Madrid.

Sí debemos saber que cuando nos referimos geográficamente a Talamanca estamos tocando tres zonas aborígenes costarricenses del lugar: Talamanca Bribri, Talamanca Cabecar y Cocles, que cubren una área de 63.444 hectáreas y su población aproximada es de 5200 habitantes.

Por otro lado, el término cacique es, también, una palabra que no procede de ninguna lengua costarricense. Su etimología es taína, es decir, parte de la etnia de los arawak.

Se cuenta que Cristóbal Colón confundió, en 1492, las islas del Caribe y las Antillas con el Paraíso Terrenal al ver a los indios desnudos en aquella densa vegetación dentro de ese clima. Esa región tenía una alta densidad geográfica: 6 millones de americanos (la 5ª parte de la actual) que dependían de la la caza, la pesca y las guerras, relegados a solo unos miles en cuestión de un siglo, a causa, primordialmente, de las enfermedades que los conquistadores traían.

Pues bien, había tres pueblos que ocupaban aquellas geografías insulares: los ciboneys en la parte oeste de las actuales Cuba y Haití; los taíno-arawaks en las Grandes Antillas (Cuba, Haití, Jamaica, República Dominicana, Puerto Rico y Trinidad) y los Caribe, en lo que es hoy las Pequeñas Antillas, al este de las Grandes. Los arawaks ocuparon una área que se extendía desde la actual Florida hasta el Paraguay y al norte de Argentina.

El equívoco se debe a que los españoles tomaron ese nombre de los taínos y lo aplicaron a todos aquellos aborígenes que tenían poder. Así, a todos los reyes de América se les aplicó la palabra cacique por rey; también a ciertos jefes religiosos. Pero, el estudioso debe tener cuidado al aplicar ese término puesto que, en realidad, cada grupo indígena tenía sus nombres específicos en sus lenguas para las diferentes jerarquías. La jerarquía bribri, por ejemplo, es bastante compleja.

Nota: En el artículo acerca de los bribríes (o bribris) en sociopoetizando, he dejado el término cacique tal cual es entendido desde entonces para no complicar la exposición.

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